La semilla del jazz

  • Egunkaria: El Siglo
  • Argitaratze data: 2018-12-17

Saúl Rodriguez.  DURANGO

Del racismo al cool jazz, un recorrido social y sonoro

La historia del jazz tiene sus inicios en el siglo XIX, en un Estados Unidos que trataba de recuperarse de la guerra civil y una comunidad negra férrea en la lucha por sus derechos humanos. Lo que estilos como el ragtime o el blues propiciaron, fue el nacimiento de nuevas corrientes musicales, que a través de los años siguen evolucionando y transformando el género. El jazz guarda rostros, genios de la música y una magia sonora que acompaña su importancia social.

RAÍCES EN EL RACISMO

Martin Smith, en su libro John Coltrane. Jazz, racismo y resistencia, afirma que en el jazz ha existido una tradición permanente de rebelión consciente ante los ataques racistas.

Por su parte, en una entrevista otorgada en marzo de 2015, el trompetista estadounidense Wynton Marsalis definió al jazz como una música de integración que puede combatir al racismo. Esto debido a que Marsalis indicó que en Estados Unidos el racismo y el tribalismo se encuentran muy arraigados y que incluso suelen enseñarse en las escuelas. Si bien es cierto que el racismo es un mal que ha existido a lo largo de la humanidad, también forma parte de un fundamento esencial para la construcción de la ideología del género en Estados Unidos.

Hace siglos, tras la conquista del Nuevo Mundo, y con la considerable baja de los habitantes originarios debido a la barbarie y a las enfermedades traídas por los europeos, los conquistadores se vieron en la necesidad de importar esclavos africanos para que trabajasen sus cultivos. De todos los países europeos, Inglaterra fue quien más realizó esta práctica. Los africanos que conseguían llegar a Norteamérica eran puestos en venta.

El baterista mexicano Adrián Oropeza, licenciado en jazz por la Escuela Superior de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes, comparte que posteriormente estos hombres eran trasladados a los campos de algodón. “Entonces, en esos campos de algodón, la manera que ellos encontraron para poder expresar su tristeza, su frustración por la manera en que eran tratados y humillados, era el canto. Hay grabaciones donde se oyen estas personas de raza negra en los campos de algodón y donde empiezan a cantar, de ahí nacieron los que conocen como espirituales negros y de estos espirituales negros más adelante nacería el blues”.

Después de la Independencia, en la mayor parte del sur de Estados Unidos estaba prohibido por ley tocar tambores. Dicha situación orilló a los esclavos negros a idear formas de percusión alternativas como chocar las palmas de sus manos o batir sus pies para amenizar sus fiestas.

A principios de 1817 la prohibición no tenía vigor en la zona de Place Congo o Congo Square de Nueva Orleans, que era el lugar donde los esclavos podían reunirse cada domingo por la tarde, en total libertad, para cantar acompañados de instrumentos de percusión tales como calabazas resecas y rellenas de pequeñas piedras, el birimbao o las quijadas; desarrollándose así bailes como la bamboula o la candela. El nombre de Congo Square le fue otorgado debido a que, originalmente, ahí se realizaba la venta de los esclavos provenientes del Congo.

Cabe resaltar que muchos de los esclavos que tocaban en Congo Square, si bien musicalmente tenían una rítmica africana muy marcada, algunos de ellos no conocían África, una parte acababa de llegar de las Antillas y otros del interior de Sudamérica, portando con ellos canciones referentes al trabajo y de orientación espiritual.

En los teatros sureños se ofrecían presentaciones de juglares, que eran obras representadas por blancos caracterizados de hombres negros, lo cual se convirtió en uno de los primeros espectáculos públicos en Estados Unidos.

El primer éxito juglar fue realizado y representado por un blanco conocido como Daddy Rice. Él señaló que originalmente escuchó el canto juglar de un hombre negro que trabajaba en un establo, el hombre se llamaba Jim Crow, por lo que Rice tituló así la melodía.

La guerra civil de Estados Unidos, iniciada en 1861, también jugó un papel crucial para el desarrollo de la ideología del jazz. Los estados confederados del sur no estaban dispuestos a renunciar a la práctica de la esclavitud, por lo que decidieron separarse de la Unión y tratar de formar su propio país.

Esta situación incomodaba al entonces presidente Abraham Lincoln, quien como partidario de la abolición de la esclavitud, no dejaría que el país se separase. Sin embargo, los estados del sur se mantuvieron firmes a su posición de no renunciar a las prácticas esclavistas.

Una de las primeras presencias afroamericanas en la guerra fue el 54º Regimiento de Infantería de Voluntarios de Massachusetts, formado en 1863 y perteneciente a la Unión. Estos afroamericanos (a quienes se les pagaba tres dólares menos que a los soldados blancos) significaron uno de los primeros reconocimientos del papel de la comunidad afroamericana en la historia de Estados Unidos.

La historia del 54º Regimiento Massachusetts se puede apreciar en el filme Glory (1989) del director Edward Zwick, donde también se retrata la forma en que los soldados negros realizaban cantos con tintes religiosos durante sus ratos libres. Estos hombres fueron la inspiración para miles de personas que buscaban la igualdad entre las etnias del país.

La guerra también otorgó una fuerte inclinación hacía la utilización de instrumentos provenientes de las marchas militares dentro de la música popular norteamericana.

NUEVA ORLEANS: LA CUNA

La ciudad de Nueva Orleans, en el estado sureño de Luisiana, es considerada por muchos la cuna del jazz, el epicentro donde todo comenzó. Desde aquí, el género poco a poco se fue expandiendo por Estados Unidos hasta llegar a urbes como Chicago o Nueva York.

Durante la guerra de secesión, la ciudad fue tomada por la Unión sin resistencia alguna, por esa razón no sufrió la devastación que experimentaron otras ciudades importantes del sur. La presencia de la Unión trajo aires de libertad para la población negra de la ciudad, desatando una cascada de energía artísticamente creativa.

En los 12 años posteriores a la conclusión de la guerra, las tropas federales se mantuvieron en el sur haciendo valer las leyes antiesclavistas. No obstante, tras un extraño trato entre los republicanos del norte y los demócratas del sur en 1877, las tropas se retiraron y las leyes blancas se reimpusieron. Este período, lleno de linchamientos y acosos por parte del Ku Klux Klan hacia los afroamericanos, obedeció a un sistema que fue llamado ‘Jim Crow’, en honor al éxito musical de Daddy Rice.

Para esa época, Nueva Orleans se había convertido ya en la ciudad más cosmopolita y musical del sur del país. Lo que pudo permitir el surgimiento del jazz fue la llegada de dos nuevos estilos musicales a la ciudad: el ragtime y el blues.

El ragtime, fue una corriente musical emergida en Sedalia, al sur de Missouri y que se basaba en un estilo sincopado muy rítmico. Este estilo tuvo como principal figura al pianista Scott Joplin. Pero el ragtime, al ser música compuesta, carecía de un elemento elemental que tendría el jazz en el futuro: la improvisación.

Por su parte, el blues llegó al puerto de la mano de los refugiados que huían de las leyes Jim Crow y para quienes trabajar en Nueva Orleans significaba un futuro más estable que en su tierra natal. “El blues es un ritmo generalmente melancólico, un estilo de música de 12 compases que se repite todo el tiempo y que tiene unas cualidades armónicas que permiten una gran efusividad, pero que por su característica es un ritmo melancólico. El blues siempre tiene ese tinte como triste”, explica Oropeza.

Pero más allá de un estilo musical, el blues también fungía como la forma estética que buscaban los hombres de raza negra para desprenderse de los juglares y su degradación. Una forma sencilla que depende de algo más que una simple técnica para tocarla, se ha de tener un profundo sentimiento hacía ella para poder interpretarla correctamente.

Joachim E. Berendt, en su obra El jazz. De Nueva Orleans al jazz rock, explica que Nueva Orleans fue la ciudad más importante para el nacimiento del jazz, pero no la única. A la par de esta ciudad, surgieron estilos similares en lugares como Memphis, Kansas City, Dallas o San Luis. Falso es que haya sido la única ciudad. El jazz como música de un continente, de un siglo, de una civilización, estaba demasiado en el aire por entonces como para que hubiere sido producto patentado de una sola ciudad, escribe Berendt.

A principios del siglo XX, Nueva Orleans era una urbe donde convergían distintas razas. La ciudad estuvo dominada por franceses y españoles antes de que el estado de Luisiana fuera comprado por Estados Unidos. Después italianos, alemanes y eslavos llegaron a la ciudad

Precedido del ragetime y del blues, el jazz (como una mezcla de culturas entre África, Europa y América) comenzó a desarrollarse en los centros nocturnos y prostíbulos de la ciudad, con una base rítmica de orígenes africanos y una armonía basada en la música clásica de los grandes compositores europeos. El blues de los refugiados comenzó a interpretarse con trompetas y otros instrumentos de viento, los cuales trataban de copiar los cantos religiosos colocándoles un vibrato al final de las notas.

“El jazz comenzó en los centros de prostitución. Muchos negros llegaron a Nueva Orleans, que era un puerto donde llegaban muchos marinos y obviamente había muchos antros donde los primeros músicos tocaban. Esa es la verdad, comenzaron en lo más bajo”, comenta Oropeza.

El mismo Berendt enlista las razones por las cuales Nueva Orleans se convirtió en una ciudad tan importante para el jazz: la antigua cultura franco-hispánica de la ciudad, las diferencias que se produjeron porque en Nueva Orleans se hallaban dos poblaciones negras muy distintas entre sí (la criolla, conformada por descendientes de europeos y sus mujeres negras, y la americana, descendientes de los esclavos liberados a finales de la Guerra Civil), las formas de artes y de diversión europeas a las que se enfrentaba la gente de raza negra y, el hecho de que todos estos elementos se reunieron en Storyville, el barrio de diversiones de la ciudad en el cual no se distinguía rango social alguno.

Por estos motivos, el estilo de Nueva Orleans nace como la fusión musical de las dos clases de razas negras que existían en la ciudad. Este estilo se caracterizaba por tres líneas melódicas enclavadas en una trompeta, un trombón y un clarinete.

Por su parte, el pianista Jelly John Morton fue el primero en construir sonoridades híbridas fusionando el ragtime y el blues con su instrumento. Morton trabajaba en un tugurio de Nueva Orleans, el cual amenizaba. Años más tarde, el mismo Morton declaró que le hubiese gustado que se le reconociera como creador del jazz asegurando que él lo inventó en 1902, y aunque no lo hizo, su intervención fue pieza clave en el desarrollo del género.

El contrabajista mexicano Aarón Cruz, músico autodidacta, quien estudió teoría del jazz con el también contrabajista Agustín Bernal y ha sido participe en varios festivales internacionales, explica que la gran virtud del género, en “esta música tan rica que supone la fusión entre culturas”, es sin duda la libertad que tiene el músico al interpretarla: la improvisación. “La improvisación es una manera de vida y yo creo que la manera de vida tiene que ver con el espíritu del jazz. Es tener los recursos que uno va obteniendo en la vida, ya sea por la experiencia personal o por la academia y echar mano de ellos en el momento presente y crear algo nuevo. Ya muy a principios de 1900 surgen también las primeras grabaciones. Entonces tenemos ya datos en audio de los primeros ‘jazzistas’ diciendo su historia personal más allá de lo que estaba en una partitura, sus improvisaciones”.

Cabe resaltar que el jazz en Nueva Orleans no era algo exclusivo de los hombres de raza negra. Desde 1891, Daddy Jack Line (a quien se le conoce como el Padre del jazz blanco) tenía ‘bands’ de músicos blancos en la ciudad. Estas ‘bands’ paseaban por las calles del puerto en carretas llamadas ‘band-waggon’ y se caracterizaban por tener un estilo de improvisación colectiva.

De dichas agrupaciones particularmente destacan dos: la New Orleans Rhythm Kings y la Original Dixieland Jazz Band. Esta última fue la primera banda de jazz en realizar una grabación en 1917, por lo que se puede decir que el primer registro sonoro del género provino de una agrupación blanca. “El jazz es una música incluyente, en el sentido de aceptar cualquier raza, cualquier género, cualquier inclinación, cualquier sexo y está muy abierto a muchas influencias”, expresa Cruz.

EL BLUES DEL JAZZ EN ‘LA PROHIBICIÓN’

El éxodo del jazz sureño a las ciudades norteñas de Estados Unidos tiene mucho que ver con la inclusión de este país en la Primera Guerra Mundial. Para poder entrar al evento bélico, el gobierno norteamericano se vio en la necesidad de reclutar personas de raza negra para sus tropas. Durante los cinco años posteriores a 1917, 360 mil afroamericanos se enlistaron en las fuerzas armadas y entraron en combate en unidades segregadas.

El papel de Estados Unidos en esta guerra también aceleró la economía. Las industrias se expandieron y la falta de la mano de obra propició que se recurriera especialmente a los negros y mujeres para cubrir las vacantes. Entre 1910 y 1919 alrededor de 750 mil negros migraron del sur a las ciudades del norte, haciendo que la población negra de urbes como Nueva York, Chicago, Filadelfia y Detroit se multiplicara al doble.

Mientras tanto, Nueva Orleans estaba convertida ya en un puerto de guerra. Al secretario de Marina le pareció que la vida extravagante del distrito de Storiville y sus tugurios podrían representar un peligro para la moral de sus tropas, por lo que Storiville fue clausurado por un decreto oficial. Prostitutas y músicos (negros y blancos) se quedaron sin empleo, la mayoría de ellos se fue a radicar a Chicago.

Sea cual fuese la razón del éxodo hacia el norte, lo cierto es que dentro de las maletas cargadas de sueños de una vida mejor también viajaba el jazz. La creciente clase trabajadora en las urbes del norte empezó a ganar dinero y a buscar espacios en que gastarlo y divertirse. El jazz pronto se catapultó para llenar este vacío al convertirse en la música popular de Norteamérica.

A principios de la década de 1920, Estados Unidos prohibió la venta y compra de alcohol en su territorio. Durante 13 años fue ilegal comerciar con licor en todo el país, a este período se le conoció como ‘ley seca’ o ‘prohibición’. Contrario a lo que se podría pensar, esta situación propició la aparición de miles de centros nocturnos donde la gente podía conseguir alcohol y buscar la fiesta.

Dichos elementos históricos propiciaron un campo fértil para el desarrollo del jazz como música de las urbes. Ya el género se encontraba inmerso en ciudades como Nueva York, Kansas City o Chicago y no en los plantíos sureños de algodón. Nació un nuevo blues, un blues que contaba el estilo de vida de los guetos.

El legendario trompetista Dizzy Gillespie, planteo en una entrevista otorgada a BBC Radio en 1980 que: “El blues del jazz no es el blues del hombre criado en las condiciones sociales del Jim Crow, la pobreza y la mugre. Es el blues de los trabajadores negros”.

Por su parte, el músico mexicano Aarón Cruz considera que, en efecto, el jazz se arraiga a la arquitectura, las historias y las relaciones sociales que surgen en las urbes. “El jazz es de las ciudades, tiene que ver con la frenética actividad y con el ritmo de las grandes ciudades. Ha sido siempre una música de acompañar cualquier celebración, se transforma en una música de baile y después se transforma en una música para sentarse a escuchar”.

En los años veinte Estados Unidos gozaba de opulencia económica y musical. En Chicago, un trompetista llamado Louis Armstrong (oriundo de Nueva Orleans) conquistó los teatros y centros nocturnos de la ciudad con su inigualable manera de ejecutar su instrumento. Mientras tanto, en Nueva York, Duke Ellington, quien tocaba junto a su grupo en el famoso Cotton Club de Harlem, transportó el jazz hacia otras latitudes.

Por su parte, el jazz blanco estaba representado en la figura de Benny Goodman. Miles de jóvenes blancos se entusiasmaron tanto por lo que los músicos de jazz provenientes de Nueva Orleans estaban creando en Chicago, que trataron de imitarlos. Así nació el estilo de Chicago, una corriente donde la figura del solista cobraba cada vez más importancia.

A RITMO DE SWING

El 29 de octubre de 1929 se produjo la estrepitosa caída del capitalismo yanqui. Aquel día la bolsa de valores estadounidense se desplomó causando que siete millones de trabajadores perdieran su empleo y que el sueldo de quienes lo conservaron cayera un 39 por ciento.

Esta situación también afectó a los músicos de jazz, quienes en busca de trabajo emigraron a Europa, donde el jazz era muy apreciado y donde a sus artistas se les idolatraba mayormente que en Estados Unidos, escapando también del racismo.

Rex Stweart, uno de los músicos de Ellington, describió su primera gira europea como la primera vez que en su vida se había sentido aceptado como artista y como miembro de la raza humana.

“Era como una contradicción, en Europa eran dioses, eran músicos con un gran reconocimiento. De hecho, muchos piensan que si Charlie Parker se hubiera quedado en Europa, hubiera salvado su vida. Toda esta situación del racismo hizo que grandes músicos como Parker, como Miles, como Coltrane estuvieran inmersos en drogas como la cocaína o el LSD. Entonces, lamentablemente Charlie Parker muere a los 34 años por una sobredosis de alcohol, pero la heroína era lo que ellos más consumían y claro que afectó, pero no impidió la aparición de estos grandes discos”, explica Adrián Oropeza.

Drogas como la heroína, la cocaína y la marihuana fueron utilizadas por algunos músicos. En ocasiones las giras eran largas y lo que hacían los músicos para soportar las extenuenates horas de trabajo era recurrir a los narcóticos. Louis Armstrong, por ejemplo, fumó marihuana desde los 14 años hasta su muerte. Por el contrario, Dizzy Guillespie no dejaba que sus músicos fumaran la planta y si descubría a alguno lo echaba del grupo.

En esos caóticos años sucedió la segunda migración del jazz más importante de la historia: la de Nueva York a Chicago, siendo Times Square y Harlem los refugios ‘jazzísticos’ más sobresalientes en la Gran Manzana.

El estilo del swing tuvo lugar en esa época, anteponiéndose al two beat jazz. Lo característico de este estilo fue la creación de las grandes orquestas, las llamadas big bands. Entre las orquestas más destacadas están la de Jimmie Lunceford en Nueva York y las de Bennie Moten y Count Basie en Kansas City. Algunos de los músicos más representativos de este estilo fueron Count Basie, Glenn Miller y Benny Goodman (quien era blanco y es considerado El rey del swing). Hollywood también adoptó el swing y este sirvió como fondo sonoro para muchas de sus películas.

“El swing lo han catalogado como un género, pero entre los músicos es también una manera de exhibir la verdad: si tienes swing o no tienes swing. Algo que con swing camina con gracia, que tiene aire, es gracioso, se puede bailar, se puede disfrutar y algo sin swing es algo plano, estático, triste, aburrido. En la historia del jazz hay algo que se le llama swing con las grandes bandas y esta forma frenética de bailar un poco antecesora al rock and roll”, comenta Cruz.

DEL BEBOP AL COOL

Los años cuarenta, en manos de Dizzy Guillespie y John Coltrane, fueron marcados por el estilo del bebop. “El bebop es el jazz rápido, de velocidad fuerte, y que requiere de una gran destreza y una gran técnica para saberlo tocar correctamente. Fue un género que John Coltrane, uno de los grandes exponentes, terminó de desarrollar con su instrumento”, comenta Oropeza.

El bebop se consolidó de la mano de Charlie Parker (mejor conocido como Bird), quien descubrió una nueva manera de tocar sus solos.

Años más tarde, la leyenda de Miles Davis abandonaría el bebop en su disco King of blue y marcaría el nacimiento del cool jazz, un estilo tranquilo que fue practicado por varios blancos debido a que intentaba acercarse más a la esencia europea.

“El cool jazz es una de las grandes aportaciones de este genio llamado Miles Davis, el cool viene a tomar otra dirección rompiendo con la tradición del bebop. Esta dirección va justamente hacia lo menos, hay que tocar menos, hay que tocar más lento, hay que dejar espacios, hay que tocar las notas justas en el momento justo sin necesidad de llenar de notas todo el tiempo. Como su nombre lo dice es una música un poco más relajada”, exclama Cruz.

En los años siguientes el jazz seguiría su férrea evolución con la aparición de estilos como el hard bop con John Coltrane en los años cincuenta, el free jazz en los sesenta, el smooth jazz de los setenta, el acid jazz de los ochenta, el post jazz de los noventa y un sinfín de estilos que siguen evolucionando y mezclándose con la música tradicional de cada país en pleno siglo XXI.

LA SITUACIÓN DEL JAZZ EN MÉXICO

En nuestro país fue en los gloriosos años veinte que el jazz se adentró en los núcleos sonoros nacionales en espacios como cabarés o salones de baile. Sin embargo, tras la fundación de la SEP, José Vasconcelos lo prohibió en el país debido a que la consideraba una música ‘extranjerizante’ que nadie debería de tocar.

“Hubo una banda de jazz que viajó a Estados Unidos y el gobierno mexicano la abandonó allá en Nueva Orleans, se tuvieron que regresar con sus medios. Siempre han existido grandes músicos, muchos de ellos que se han dedicado a otras músicas para poder sobrevivir, han colaborado con el mambo, con el bolero, etcétera”, afirma Aarón Cruz.

Entre los rostros del jazz mexicano resaltan los de Chilo Morán, Mario Patrón, pasando por Cristóbal López, Agustín Bernal, Enugenio Toussaint, los propios Adrián Oropeza y Aarón Cruz, los que están triunfando en el extranjero como Mark Aanderud, Magos Herrera, Enrique Toussaint, Antonio Sánchez, Abraham Laboriel, Gustavo Cortiñas, Rodrigo Villanueva y una infinidad de músicos talentosos que abarrotan el mapa ‘jazzístico’ de México.

Sin embargo, estudiar jazz en México es muy distinto a hacerlo en Estados Unidos, ya que el sistema educativo no da preferencia a la educación artística. “La diferencia es que allá desde la escuela primaria hay orquestas. La música forma parte de la formación integral de los jóvenes. Te puedes encontrar a alguien que hace deporte y que inclusive tocó en una orquesta. En México esto no ocurre, tenemos un déficit educativo muy serio y eso tiene que ver un poco con el haber incluido la flauta dulce, que no tiene nada de malo, pero no se enseña como debe de ser. Es una pena que en vez de que fomenten los coros u otro tipo de formación más integral, la educación musical en las secundarias y en las preparatorias sea nula”, expresa Adrián Oropeza.

Al ser un género no es comercial, el jazz en México trata de abrir puertas luchando por salir del underground. “A pesar de que hay un público, hay muchísima gente que no conoce el jazz ni conoce a ningún exponente. Sin embargo en cuanto el público lo conoce siempre hay un gran recibimiento hacía el género. Por supuesto que hay estaciones que acercan al jazz, hay clubes, hay cerca de 30 festivales en la república, pero seguimos luchando mucho con la difusión”, comparte Oropeza

En cuanto a la cuestión de que si el jazz se ha convertido en un género elitista, Adrián Oropeza expresa su desacuerdo ya que considera que es un género apto para todo público. “Es una idea equivocada porque la verdad es que todo el mundo puede tener acceso al jazz. Sólo es cuestión de que la gente tenga un sentido de búsqueda de querer conocer ese género y hay festivales todo el año. No estoy de acuerdo en que sea un género elitista”.

Por su parte, Aarón Cruz explica que el brinco del jazz de los tugurios a las salas de concierto se debe en mayor parte a algo comercial y afirma que el jazz es un género que se puede tocar en cualquier sitio sin que esto demerite su calidad.

“Yo creo que cualquier música puede tocarse en cualquier lugar. Tengo la afortunada experiencia de haber tocado jazz en estaciones del metro, en grandes salas de conciertos, en la calle, en la playa, en pueblos perdidos en la sierra de Oaxaca, en Nueva York, en Europa… y la gente siempre está ávida de escuchar algo bien hecho. Eso es importante decirlo, el jazz es una música muy compleja, muy exigente y lo que puede acabar con el interés de la gente es el ejecutarlo mal o mediocremente”, concluye.

Twitter: @BeatsoulRdz